En Invierno del año 1989, una chica vivía en su casa en el bosque con su padre, por alguna razón el padre vivía sola con ella y le prohibía salir al bosque, ella nunca salía de su casa, vivió, se educó y creció entre esas paredes.
El 16 de diciembre del mismo año su padre que había sido su único refugio desde la rara muerte de su madre hacía años atrás yacía muerto en su cama, está al no tener la llave de la puerta de la casa se quedó encerrada dentro.
Todos los días recibía la visita del alma de su madre la cual la atormentaba todas las noches, la dejaba sin cordura, el hambre y las condiciones de vida hicieron que la pequeña falleciese a las pocas semanas.
Día 23 de febrero del 2007, un grupo de investigadores privados van a documentar la casa debido a un trabajo encargado por el gobierno del estado que busca la expropiación de territorios abandonados, al llegar a la casa estos encuentran la puerta sellada con los mismos fríos candados del 89, sin conocimiento del contenido abren la puerta.
—No sabéis el dolor...– dijo una voz ya adulta, —No sabéis cómo es ella– añadió. —¿Hola?–pregunto el investigador.
La ya adulta se abalanzó contra ellos y se paró en seco, —Ellos me controlan...– dijo antes de que su sonrisa se torciese y comenzase a esconderse detrás de la puerta andando a cuatro patas a la inversa.
Los investigadores huyeron y al llegar al coche se percataron del grave error, una sonrisa les saludaba desde el retrovisor.
Aquella persona ahora anda por las calles y bosques solitarios, buscando a personas solas, pues para ella nadie debe de sufrir eso, y estará ahí para acabar con el sufrimiento, a su manera.
La única pista de ella son unas fotos tomadas con la cámara de fotos que llevaba uno de los investigadores.
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